martes, 26 de julio de 2011

TODO PROGRESA PERO LA PERSONA NO APARECE

En un aluvión de progresos técnicos y de nuevos emprendimientos cuando comienza a vislumbrarse LA ELEVACIÓN DE LOS POBRES (aunque no en la Argentina todavía...pero todos están en eso y la soja sube...y habrá 100 millones de toneladas de cereales) las condiciones para la dimensión de la persona parecen oscurecerse. La providencia de Dios sin embargo es RAZÓN (dice en la Primera Parte que es RATIO PERVENIENS OMNIA IN FINEM) y tendrá buena cuenta de encaminar todo al fin debido, que es Él mismo, fin de la criatura racional.
Nosotros tenemos hambre de santidad, es decir de la presencia del Espíritu que nos vuelve personas como el viento que revive las brasas bajo la ceniza. Somos personas antes del arrojamiento del COSMOS, elegidas en nuestra singularidad, en eso que poseemos en nosotros mismos y que primero la modernidad en general, luego la modernidad con sentido especial, luego la posmodernidad han ido desconociendo paso a paso para obtener el sunami de las cosas hoy anárquicas ¡como principio la an-arquía!
El himno a los Efesios sin embargo estatuye en un torbellino poético nuestra condición de personas, de nombrados ante su faz en el hijo de su amor. Y eso no lo puede borrar ningún sunami cultural por mucho que se esmeren los franceses con su proverbial esprit o elan vital, o sutileza parisina ahora volcada hacia la otredad y hacia la diferencia total.
"E PUR Si IL MUOVE": hay persona, imagen de la PERSONA DEL HIJO DE SU AMOR. ASí dice el himno y nos dice y nos crea desde la eternidad en Él como dice el himno a los Colosenses y no hay forma de obviarlo. Por más teologías posmodernas que le arrojemos con visos de ciencia ¿Qué vale la ciencia que -como ha dicho Heidegger- no piensa? Vale para lo que vale: para los cuerpos o las cosas corporales, que son como lirios del campo.
La persona pues es la protagonista de esta fiesta cósmica, es el substrato de tanto predicado, es quien habla y a quien le dicen y lo que le dicen es: ESTE MI HIJO AMADO EN QUIEN ME HA COMPLACIDO. Nosotros somos los hijos, las personas en su amor. Y aquí estamos en su hoy que no progresa sino que está para nosotros a disposición.
Tenemos hambre de santidad implica que tenemos necesidad de su persona y la del otro PARÁCLITO, que es el AMOR del PADRE Y DEL HIJO.Veremos en la primera parte las cuestiones de DIOS TRINO. Todo está ya concebido pero falta que lo poseamos cada uno en uno mismo.
Y lo dicho nos hace libres de las cosas: somos sus rostros, sus palabras en la Palabra: EN ÉL, POR ÉL Y PARA ÉL. Hay una alegría en lo admirable, cabe sólo la labanza de su gloria con la cual nos agració a nostros en el amado.

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