domingo, 4 de marzo de 2012

LA PRESUNCIÓN Y LA AMBICIÓN SE DISFRAZAN DE VIRTUD

Santo Tomás, ángel de la escuelas, tratando de la PRESUNCIÓN como pecado que corresponde a la virtud de la MAGNANIMIDAD, la despega de la actitud aconsejada por Aristóteles cuando dice en su Metafísica y en su Ética a Nicómaco que no hay que creerle a los hombres que dicen que los hombres deben ocuparse de cosas humanas, el mortal pensar en cosas mortales. Por el contrario (filosofía exige) hay que inmortalizarse o divinizarse lo más posible. Esto no es presunción, defiende el Aquinate, porque aquí no se trata de poseer el poder de lo divino sino de unírsele por la inteligencia.
Y explica: todo lo que está en la naturaleza es ordenado por la razón divina a lo cual debe imitar la razón humana y si no lo hace es pecado. Cada agente debe hacer lo que le corresponde. Contrario al orden natural es que alguien presuma hacer lo que trasciende a su capacidad como lo hace la PRESUNCIÓN.
No es presuntuoso el que uno tienda a realizar obras de virtud con el auxilio divino.
Y se opone por exceso a la MAGNANIMIDAD que se adecua con proporción a las propias fuerzas. El presuntuoso, en cambio, no supera al magnánimo en cuanto al objeto al cual tiende (a veces se queda atrás en la grandeza) sino que le supera en la proporción de sus propias facultades, se cree capaz de lo que no es.
Y EL MAGNÁNIMO ES UN VIRTUOSO no quien solamente posee poder o riquezas, que se vuelve, según Séneca, amenazador, inflado u orgulloso, turbulento, inquieto y TODO LO QUE PUEDE DARLE A CONOCER SIN TENER EN CUENTA LA MORALIDAD DE SUS PALABRAS Y OBRAS.
He aquí que el presuntuoso según la verdad es una defección del magnánimo pero se muestra MAGNÁNIMO EN APARIENCIA.
¡Oh parece describir a los políticos en campaña! Y seguramente es así porque viene a continuación LA AMBICIÓN como opuesta a la magnanimidad.
¿Es pecado? Se opone ad la caridad que según 1.Cor.13 no es ambiciosa, no busca lo suyo. Por lo tanto es pecado ¡LO QUE SE OPONE A LA CARIDAD ES PECADO!
Se busca el honor que es un don sobresaliente que alguien posee como algo divino en él. Y Dios se lo concede para que sea útil a los demás. Sólo en esto debe agradar al hombre que los demás le den testimonio de su excelencia.
Hay apetito desordenado en esto cuando se apetece el honor de una excelencia que no se posee. También cuando se lo atribuye a sí mismo. Y aún cuado no se lo ordena ad los demás y se detenta ese honor. Y sobre esto versa la ambición.
El tan deseado honor no es premio suficiente sino que lo es la bienaventuranza. El honor no es el fin último sino el bien que nos hace buenos y felices.
Según Cicerón la ambición es exceso de magnanimidad. Porque es un deseo desordenado de honor de cualquier modo. En cambio la magnanimidad lo hace en el orden de la razón. Así se oponen como lo desordenado a lo ordenado. Ambición y presunción se oponen a la virtud por distintos aspectos versando sobre el honor.
Bueno esto va como por un tubo a la más odiosa: LA VANAGLORIA.
Insistimos y subrayamos para aprender: el deseo desordenado de la dignidad del poder es AMBICIÓN. Desearlo como prueba que sobrepasa las propias fuerzas es PRESUNCIÓN.

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