viernes, 27 de septiembre de 2013

VIRTUDES MORALES Y COTEMPLACIÓN


Las virtudes morales son dispositivas para la vida contemplativa porque su acto puede ser estorbado por la vehemencia de las pasiones que arrastran la atención de lo espiritual a lo sensible y es perturbada por los ruidos exteriores. Ellas refrenan las pasiones y acallan los ruidos de las ocupaciones exteriores.
Son causas motoras que perfeccionan la voluntad para que tienda al amor de Dios y del prójimo pero que no entran en la esencia de la contemplación. Disponen a la vida contemplativa en cuanto causan paz y pureza.
Hay conexión con la templanza cuando se pregunta si lo honesto es lo mismo que lo bello. La hermosura y lo bello consisten en claridad y proporción debida y Dios se dice bello como causa del esplendor y consonancia del universo. De allí la proporción del cuerpo y la belleza espiritual que consiste en la bien proporcionada conversación del hombre según la claridad espiritual de la razón. Esto es honestidad: belleza espiritual. Menos es la belleza visible. La faz de la honestidad despierta, si la vemos, un amor maravilloso a la sabiduría dice Cicerón. Pero la soberbia borra la sabiduría y descompone el esplendor y debida proporción que se hallan en la razón, la cual ordena en las cosas la claridad y proporción.
Así en la vida contemplativa que consiste en el acto de la razón por sí y esencialmente se encuentra la belleza. El libro de la Sabiduría dice: Me hice amante de su hermosura.
La s virtudes morales, especialmente la templanza que reprime las concupiscencias más opuestas a la luz de la razón, participan de la belleza que está en la sabiduría

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