miércoles, 11 de diciembre de 2013

LOS ESTADOS DE LOS HOMBRES EN EL CUERPO

El estado se refiere en la inmovilidad de la condición de la persona. Hay diversos estados en la Iglesia. La gracia de la cabeza se reparte diversamente en sus miembros para que el cuerpo de la Iglesia sea perfecto. Y en sus funciones hay diversidad como lo expresa San Pablo. Y también orden y belleza como en una gran casa como se dice respecto de Salomón por la reina de Saba y Pablo del servicio mutuo de este cuerpo compacto en la fe y conexo por la caridad.
El concepto de cuerpo es dominante. Y el Espíritu los vivifica: SOLÍCITOS EN GUARDAR LA UNIDAD DEL ESPÍRITU MEDIANTE EL VÍNCULO DE LA PAZ. Cuando uno busca su propio bien se separa de esta unidad del Espíritu como la paz de una ciudad se destruye cuando cada uno se preocupa de lo suyo.
En cambio la distinción de oficios y de estados favorece más tanto la paz espiritual como la social ya que obliga a más hombres a dedicarse a las obras públicas.
Dios, dice San Pablo, ordenó de tal manera el cuerpo para que no hubiera escisiones y para que los miembros se preocupen unos de otros.
Tomás describe una obra perfecta que con ideologías epocales se destruyó. Destruir es algo que va motivando a los hombres desde el comienzo. Dios da y el hombre rechaza. Dificil es pegar luego el jarrón chino o rehacer un huevo. Por eso tener todavía a la Iglesia después de tales QUEBRADURAS históricas es un milagro.
 Pero el conato de destruir es una constante entre necios cuyo número es infinito y entre malos cuya identidad es oculta, como se ve en aquella obra de Chesterton: El hombre que fue Jueves.

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