lunes, 14 de noviembre de 2011

¿SEDICIÓN O REVOLUCIÓN?

La riña se pone entre las obras de la carne que no heredarán el reino de Dios. Y si la porfía dice la contradicción con palabras, la riña es contradicción con obras y es privada o particular o voluntad desordenada sin autorización pública. Y no se da sin pecado mortal. En quien se defiende puede darse sin pecado, con pecado venial o con mortal, habida cuenta de cómo se defiende. Con moderación y sin deseo de venganza o lo contrario: esto depende de su ánimo.
Vemos en las películas ejemplos permanentes de esto: cada vez el personaje principal va más hacia el pecado mortal, al comienzo del cine se defendía con virtud. Claro: ha resultado hoy una conciencia ¿artística? de no pecado, de no importa cómo posmoderno.
El ejemplo de Romeo y Julieta: la pendencia se hace por afecto privado de ira o de odio (Tibaldo), si uno se defiende (Romeo) y luego ataca no hace pendencia ni peca salvo que lo haga desordenadamente.
La riña nace de la ira dice San Gregorio. Pero el odio hace que se maquinen cosas contra el otro. Mas cuando se lo quiere dañar públicamente y por obra entonces nace de la ira. Y debajo de las pasiones irascibles están las concupiscibles (ver IaIIa). La ira turba el juicio de la razón y por ello se asemeja a la necedad. Tramar el daño de otro es falta de razón.
La sedición si bien conviene en algo con la guerra y la riña es unilateral en cuanto es un apercibimiento para contender un grupo contra otro y se opone a la unidad y a la paz de la multitud. Y no tiende simplemente como el cisma a una desunión espiritual sino que excita a una lucha corporal. Pero ambos son discordia entre sectores de la multitud.
Y es pecado mortal porque la sedición se opone a la unidad del derecho y a la comunión. Y por lo tanto a la justicia y al bien común. Y alzarse contra el bien común es más grave que contra el privado, que ataca la riña. Los que se defienden contra tal ataque sedicioso no han de ser tenidos por tales. La discordia contra lo que no es a las claras bien común no será pecado, mas no la contraria, como es la que contradice el bien común de la multitud.
Está el caso ya visto por Aristóteles: la contradicción contra el régimen tiránico injusto que no se encamina al bien común, no sería sedición a no ser que SE PERTURBE DE TAL MANERA DESORDENADA QUE LA MULTITUD TIRANIZADA SUFRA MAYOR DETRIMENTO CON LA SEDICIÓN QUE CON EL RÉGIMEN TIRÁNICO.
También es sedicioso el presidente que fomenta discordias y sediciones en el pueblo para poder dominar con más seguridad. Es tiránico por encaminarse al bien peculiar del presidente con daño de la multitud (q42a2).

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