De los preceptos de la templanza en conexión con los mandamientos se destaca en primer término el adulterio: NO DESEARÁS A LA MUJER DEL PRÓJIMO. Esto se opone grandemente al amor del prójimo y la caridad como dice el Apóstol es el fin del precepto.
El orden de la templanza, lo hemos dicho, nos lleva a la vigencia de la caridad. La lujuria es un grande enemigo indirecto de la caridad que es la plenitud de la gracia y el adulterio resulta maligno para alcanzar el fin. La confusión que reina hoy en este campo es fenomenal. La templanza simplemente ataja muchos males. Recordemos lo del ojo que es ocasión de pecado y que Jesús recomienda arrancarlo.
El decálogo se fija en principios evidentes por sí mismos. La soberbia no se prohibe pero sí sus efectos. La ira asimismo lleva al homicidio y al deshonor de los padres. El decálogo pone lo fundamental: EL AMOR DE DIOS Y DEL PRÓJIMO.
Uno no se explica porqué tantas bondades y gracias desde Dios pueden rechazarse. Los mandamientos son como la sal que evita la corrupción.
El orden de la templanza, lo hemos dicho, nos lleva a la vigencia de la caridad. La lujuria es un grande enemigo indirecto de la caridad que es la plenitud de la gracia y el adulterio resulta maligno para alcanzar el fin. La confusión que reina hoy en este campo es fenomenal. La templanza simplemente ataja muchos males. Recordemos lo del ojo que es ocasión de pecado y que Jesús recomienda arrancarlo.
El decálogo se fija en principios evidentes por sí mismos. La soberbia no se prohibe pero sí sus efectos. La ira asimismo lleva al homicidio y al deshonor de los padres. El decálogo pone lo fundamental: EL AMOR DE DIOS Y DEL PRÓJIMO.
Uno no se explica porqué tantas bondades y gracias desde Dios pueden rechazarse. Los mandamientos son como la sal que evita la corrupción.
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