sábado, 1 de marzo de 2014

EL ESTADO DE PERFECCIÓN.

La perfección de la vida cristiana se toma de la caridad. Ella es el medio que nos une a Dios, fin último del alma humana según se ve en San Juan: EL QUE PERMANECE EN CARIDAD PERMANECE EN DIOS Y DIOS EN ÉL. Así de la caridad se alcanza la perfección. La caridad pone armonía entre los hombres y quien no ama permanece en la muerte. Ella mide el resto de las virtudes. Por ejemplo ella nos hace pacientes.
¿Pero podemos alcanzar la perfección en esta vida? El salmo 138 dice: mi imperfección han visto tus ojos. Y se así suele afirmarse que nadie es perfecto en esta vida. Sin embargo concluye el sermón del monte: SED PERFECTOS.
La caridad es Dios que ama y es amado sin faltar nada en las personas divinas cuyo ser es infinito. Esta perfección es propia de él.
Tampoco ninguna criatura puede amar en acto a Dios todo el tiempo, por lo menos en esta vida. Lo será en el cielo y así rezamos.
La perfección posible en esta vida en dos grados: 
primero: la voluntad del hombre rechaza todo lo contrario a la caridad, como es el pecado mortal. Necesaria para la salvación.
Segundo: la voluntad humana rechaza todo lo contrario a la caridad sumado a que tiene su afecto totalmente en Dios. Esto son los perfectos sobre principiantes y adelantados. Porque hay pecados veniales, muchos o pocos.
El amor del prójimo también tiene doble perfección: 
primero la carencia de todo afecto contrario.
segundo:tres sentidos: 
en la extensión: se ama a amigos y enemigos,
en la intención al despreciar los bienes por el prójimo: materiales y aún la vida
en prodigar al prójimo no sólo bienes temporales sino espirituales. 

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