¿Es tan misterioso el odio? Sin duda que es lo opuesto a la virtud teologal de la caridad que como tal es el misterio de Dios en la creatura. Es el mayor de los pecados porque voluntariamente se opone a Dios al cual conoce en los efectos de la gracia que concede en la caridad. El odio se opone al Señor vivificante que da la caridad y procede de la consiguiente tristeza frente al gozo y la paz que resultan de ella.
La tristeza que lo origina es la de la envidia. Está claro que el diablo tuvo tristeza de la verdad que Dios le mostró: los últimos son los primeros y los primeros los últimos y envidió al hombre, quizá presintiendo la encarnación, puesto que Jesús dice haber sido odiado gratuitamente, justamente por su condición de siervo.
Pero hay que ver que el odio es una pasión natural que nace por la presencia del mal y el advenimiento de la tristeza. Luego cuando vemos el mal del pecado en quien amamos odiamos ese mal en la medida de nuestro amor. Por eso odiamos el mal en el prójimo que se vuelve enemigo en cuanto odia a Dios que le prohibe el pecado, mientras que amamos en él lo que de Dios tiene por naturaleza. Y amar es querer el bien para él, que precisamente es lo que odia. Nosotros así odiamos su odio a Dios que prohibe lo que no tiene que ser, si es verdad que amamos a Dios.
Quien no ama a Dios es indiferente a todo esto y deja que cada cual sea como quiera, que será el resultado de la evolución de la historia de la cultura.
El odio a Dios no es vicio capital sino resultado de la envidia, que sí lo es, en cuanto tristeza del bien del prójimo. Todos nos movemos a odiar lo que consideramos un mal. Así quien considera bien al mal y viceversa se cruza con quien ve el bien y odia al mal que lo obscurece. La envidia odia el bien en otro, bien que vine de Dios.
El diablo es quien originariamente odia a Dios por el bien que da a los pequeños y por ellos rabia (Heidegger en la Carta al Humanismo muestra la rabia, la grima en el claro del ser cuando se goza de la salud o salvación del ser, que es seno de disputa)
Si no se viera este hecho sobrevendría el engaño de ignorar la efectividad del odio, aquel que sufrió el Hijo como persona enviada por el Padre. Porque seríamos sujetos de esta rabiosa envidia creyendo que procede del hombre mismo. Antropología que borrará el pecado y los pecados. Antropología que para el filósofo del SER Y TIEMPO es olvido del ser. La ira que hace estragos viene en la nulificación del mismo ser..
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