¿Qué tenemos si no tenemos paz? ¿Y qué tenemos en la paz? Que los apetitos sensitivos que tienden muchas veces contra la razón (porque la carne codicia contra el espíritu según Gálatas 5,17) se unifiquen. Esta unión en uno mismo es paz y con otros es concordia. Porque la disensión de los hombres entre sí también la experimenta en sí, consigo mismo, un solo hombre en la pluralidad de sus impulsos sueltos desde el pecado original.
Pero la paz puede ser verdadera o aparente. La verdadera está en el apetito del bien verdadero porque lo malo puede ser bien aparente y eso es lo que tienen en la gran guerra de la ignorancia los que buscan paz en tan grandes males, como dice la Sabiduría.
Hay una paz perfecta que consiste en goce perfecto del bien sumo donde todos los apetitos aquietados se unifican. Y este es el fin último según el salmo 147,3. En la paz imperfecta en cambio hay muchas cosas de adentro y de afuera que perturban cuando el hombre está en el camino de "este mundo".
Y es efecto de la caridad que obra la unión de la paz de los apetitos de un hombre y de los ajenos. Pues al amar a Dios sobre todas las cosas teniendo así unificados todos nuestros impulsos (esto es religión y no antropología que defiende los impulsos como divinos) tenemos la paz y al amar al prójimo se busca cumplir la voluntad de los otros. Aquí hay amistad, según Cicerón: querer lo mismo y no querer lo mismo.
Por lo tanto la paz es la resultante de la virtud teologal de la caridad. Esto no es escolástica como suele decirse con mala onda. Es el resultado de cumplir el primer mandamiento de la ley: AMARÁS A TU DIOS CON TODO EL CORAZÓN. Es decir no debes guardarte tu corazoncito para tus apetitos. Será raro, dificil, pero ha sido así en la religión. Quien busca antropología que allí se quede sin querer medir la religión con sus cositas. Hasta Aristóteles dijo que el hombre debe divinizarse y en esto consiste el ser hombre ¡Y sin la Biblia!
Sabemos que modernos y posmodernos pretenden hacer del primer mandamiento algo histórico para no obligarse a dejar su Dios: el vientre, como también dice la Escritura sin conocer todavía a nuestros sofísticos intelectuales. Lo reprobable es querer borrar la clara noticia de la palabra: AMARÁS A TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, CON TODA TU MENTE, CON TODAS TUS FUERZAS Y AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO. San Agustín: DAME LO QUE MANDAS Y MANDA LO QUE QUIERAS. Este mandamiento exclusivo viene de la gracia santificante y así somos santos.
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