La vergüenza es temor de un acto torpe pero no es virtud porque le falta algo de su perfección y es una pasión no un hábito electivo. Pero este temor se reduce a la virtud de la temperancia en cuanto escapa de lo torpe. Y tiene más volumen ante los familiares porque nos conocen y son permanentes. Pero el hombre virtuoso de nada se avergüenza. Lo contrario tambien es verdad: el vicioso ya no se avergüenza de sus pecados. El virtuoso perfecto no teme el oprobio de los hombres porque espera en Dios, como los apóstoles instruídos por Jesús a ser perseguidos y deshonrados. En los actos virtuosos pues no cabe la vergüenza.
Sin duda alguna en los tiempos posmodernos la vergüenza se perdió hace rato, porque primero se perdió la fe y luego el orden de la razón. Quedamos pues bajo el instinto reinante hoy en el pensamiento anárquico.
Sin principio racional reina el impulso del ELLO. Estamos en la liberación muy lejos de la VERECUNDIA.
Sin duda alguna en los tiempos posmodernos la vergüenza se perdió hace rato, porque primero se perdió la fe y luego el orden de la razón. Quedamos pues bajo el instinto reinante hoy en el pensamiento anárquico.
Sin principio racional reina el impulso del ELLO. Estamos en la liberación muy lejos de la VERECUNDIA.
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