lunes, 25 de marzo de 2013

LA SEMANA DE LA EUCARISTÍA

Semana Santa tiene un comienzo en la entrada de Jesús en Jerusalén, un medio en la insitutción de la Eucaristía y un fin en la resurrección. El día de la Institución de la Eucaristía envuelto en los preciosos discursos pone el centro en lo así llamado dogmático que el vicario de Cristo ha defendido hasta ahora. Lo último es de Benedicto: Sacramentum caritatis. En el punto diez estamos precisamente en el festejo de la Pascua por parte de Jesús y sus discípulos anticipando como se sabe su condición de CORDERO PASCUAL. Esto que es indiscutible sin embargo pretende ser considerado un rito. Aquí está la salvación celebrada en el mes de NISÁN con la luna llena. Pero para nosotros hoy es la comunicación llegada a su último grado de concreción del SER DE DIOS produciéndose el rescate de nuestro ser en Él: nuestra PERSONA elegida antes de la fundación del COSMOS. El pecado apenas es un obstáculo por eso entre los pecados el de la infidelidad es grave porque IMPIDE LA RECEPCIÓN DE LA CARIDAD QUE NOS UNE A DIOS O NOS INCORPORA A SUS SER PERSONAL. EN EL SACRAMENTO DE LA CARIDAD. Así Benedicto daba testimonio de lo que la Iglesia es que ahora parece que hay que cambiar toda. Debo pensar que el cambio depende de los receptores de la caridad. Se desocupan de todo lo que los tapona y obstruye o no. LA CARIDAD, EL SER D DIOS HA SIDO PASCUALMENTE ENTREGADO EL JUEVES SANTO ...LO DEMÁS ES CUESTIÓN DE DETALLE..
¿LOS FIELES LO SABEN? LEAN LA ENCÍCLICA DE BENDICTO QUE TODAVÍA VIVE
SACRAMENTUM CARITATIS

sábado, 16 de marzo de 2013

SANTOS POR LA FUERZA DE LA CARITAS

Somos santos por la fuerza metafísica. El ser es su ser. La palabra del ser lo expresa y él se expresa en ella. Dice: AGAPE. Por eso San Juan: DIOS ES AMOR O ESPÍRITU. Padre e Hijo espiran al Espíritu Santo y creando fuera nos hacen ...santos o personas para, en y por ellos.
Luego somos santos por necesidad. No somos por nosotros mismos o por casualidad planetaria como se cree. ¡Como si los planetas fueran algo permanente en equilibrio.Son como pensó milagrosamente Anaximandro: un cosmos entre acosmías.
Pero esto no es objeto de discusión metafísica entre la necesidad y la casualidad. Se nos dijo YO SOY QUIEN VENGO DEL PADRE Y HE VENIDO PARA DAROS VIDA ETERNA. Lo demás es explicación de su decir que late en nuestro corazón de niños anhelantes de la seguridad de un Padre eterno.
Somos santos en el Hijo de su amor, en el seno de la Trinidad, en la Persona del Hijo que es Jesucristo en la carne.No podemos ser de otra manera porque tal es la manera del ser:la Trinidad de Personas que son PADRE HIJO EN EL VÍNCULO DEL ESPÍRITU SANTO.
Podemos no querer aceptarlo y con ello pecamos contra el ESPÍRITU SANTO. Podemos no querer ser santos y tenemos en ello el precedente del espíritu angélico. No quiso el AGAPE, no quiso recibir el ser de Dios quiso su cosidad, su creaturidad, quiso que Dios fuese creatura o cosa, no quiso que fuera AMOR, aquello mostrado en Cristo, EKENOSIS. Aborreció ser el último para ser el primero. No es que quiso ser Dios SINO QUE NO QUISO SER COMO DIOS ES EN CRISTO. Rechazó la CARITAS, LA SANTIDAD.
No así nosotros que tenemos hambre de santidad.

viernes, 15 de marzo de 2013

EL DESTINO DE SANTIDAD



     Pablo es apóstol por voluntad de Dios y se dirige a los santos y fieles en Cristo Jesús. POR ESO LES ENVÍA (no simplemente les desea) la gracia y la paz de parte de Dios y del Señor Jesucristo. Luego comienza el himno:
Bendito sea el Padre de nuestro Señor Jesucristo por habernos bendecido con toda bendición espiritual en los cielos en Cristo, porque nos eligió en Él antes del principio del cosmos.
Su bendición consiste en ser elegidos para ser santos e inmaculados ante su faz, habiéndonos visto previamente en el amor en orden a  la adopción por medio de Jesucristo que nos lleva al Padre de acuerdo a la buena voluntad de su querer que nos destina a la alabanza de la gloria de su gracia con la cual nos agració a nosotros en el amado. El amado es aquel que nos redimió por su sangre quitándonos los pecados por la riqueza de su gracia, que sobreabundó para nosotros en toda sabiduría e inteligencia haciéndonos conocer el misterio de su voluntad según su beneplácito que previamente puso en él en la economía de la plenitud de los tiempos para recapitular todo en Cristo, lo que está en la tierra y en el cielo: en él en el cual hemos sido elegidos como predestinados de acuerdo al propósito del que realiza todo de acuerdo al querer o consejo de su voluntad para que nosotros seamos la alabanza de su gloria, los que antes esperamos en Cristo, en el cual también vosotros, los que escucháis la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación en el cual, creyendo, también fuisteis sellados por el espíritu santo de la promesa en quien está la prenda de nuestra herencia para la redención de lo que adquirió para la alabanza de su gloria.

Comentario. Somos suyos para la alabanza de su gloria ¿Entonces nos enajenamos, somos hechos para alabarlo, hay un egocentrismo en quien nos crea y nos hace para Él? Antes se había añadido: “…de su gracia con la cual nos agració a nosotros EN EL AMADO”. La gracia es copia de su gloria. Él la comparte con nosotros de tal manera que somos hechos, configurados en ella para ser hombres nuevos, para nacer de nuevo en ella en calidad de hijos legítimos, de herederos de su gloria. Y lo hace de una manera prodigiosa: “en el amado”. El Padre lo hace objeto de su predilección, es el “amado”. Ama al Hijo y nos engendra en El antes del origen del mundo. Así también y por eso mismo nos redime en ÉL con su sangre y así nos hace suyos de la manera más íntima. Por lo tanto cuando lo alabamos no alcanza únicamente nuestra alabanza a tal prodigio de humildad: su pasión y su ingreso en el sacramento de los sacramentos. Porque alabamos  y realizamos así nuestra esencia (aquello para lo que existimos desde el origen) y estamos alabando su obra en nosotros, en cada uno, nuestra persona, que será así “hacia Él” (ad Deum) pero que se revela en la venida de El a nosotros en “el amado”. La alabanza de su gloria se fenomeniza en nosotros, alabando nos potenciamos nosotros mismos naciendo en el amado como sus hijos, o personas en la cercanía trinitaria que es dinámica. Nuestro existir es un alabar que nos potencia.
Esta bendición originaria ya en la promesa hecha al hombre obediente, Abraham, la cumple la tercera persona, el amor con que se ama, el Espíritu Santo, “la prenda de nuestra herencia”: en El fuimos sellados o consagrados a esta filiación graciosa por la cual somos otros hijos en el “amado” Jesucristo, quien en primer lugar nos quita todo impedimento para ello, es el cordero, y finalmente recapitula todo en sí: es el verdadero centro, quien se descentró completamente como Dios haciéndose hombre, esclavo y eucaristía. Significa así (muestra así) en el signo de su humanidad lo invisible del ser de Dios: AGÁPE.
Este es el poder de quien todo lo realiza de acuerdo al consejo de su voluntad. Este poder consiste en darle todo al amado y por su medio a los amados partícipes en su gloria por medio de una redención prodigiosa: la del primero que se hizo último y así es primero, el amado. Esto no es como a muchos le parece “antropología”, donde los hombres le tapan la boca a Dios y se ponen como centro y donde por más que dejen las palabras de la escritura éstas suenan sin caja de resonancia (rompen la guitarra que es la Iglesia) y dispersas en el aire donde se pierden sus sonidos, tomados uno por aquí y otro por allí como hicieron las herejías.
Este misterio de su voluntad se manifestó como la “buena gloria”, un beneplácito, de tal índole que implica la EKENOSIS, no la concesión de algo, de favores de un rey, sino de la desposesión de su condición, la entrega de su prerrogativa divina para hacerse a través del hombre y aún menos que hombre: alimento. Así el Cristo recapitula todo: del pan y del vino hace su cuerpo y su sangre: de la materia un viático hacia lo único que quedará, el amor como AGÁPE. Ya desde ahora en la plenitud de los tiempos, bautizados en su muerte, somos sellados con el Espíritu de la promesa para que se cumpla en el tiempo el designio eterno con el que fuimos bendecidos en los cielos en Cristo antes del big bang: ser santos ante su faz.
Ese día de la eternidad late en nuestros días pequeños y efímeros. El Espíritu es el arrabón de ese día que ya está en nosotros y por eso en los días pasajeros no queremos dejar pasar la alabanza que nos hace ex- sistir: para ello hemos sido hechos, para la alabanza de su gloria. Lo demás es cuestión de detalle. Primero nuestra esencia desde el fundamento y luego las cosas. Primero la persona que es eterna y luego las cosas cuyo esquema pasa. En el mundo es al revés: Dios es algo agregado al final.

domingo, 10 de marzo de 2013

LA VERDAD DE LA EYDOKIA


Hagamos un paréntesis este domingo con la Suma y aterricemos en el comienzo de la epístola a los Efesios. Tengo a la vista cuatro versiones: La Vulgata, la original griega, la de Lutero y la del Rey Jaime inglesa.
Comienza bendiciendo al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos bendijo a nosotros con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos en Cristo.
Repárese en la repetición de “bendición”. Mas cuando se ve cómo hemos sido benditos se ve dónde lo hemos sido: en los lugares celestes dice el inglés, traduciendo así el griego EPOYRIANÍOIS. Hay cielos para nosotros ya dispuestos ¿desde cuando?
Él nos eligió en Él antes del BIG BANG porque el griego dice KATA-BOLÉS, antes que el cosmos fuera arrojado de arriba para abajo, es decir desde Dios a su existencia material.
Nos eligió para que fuéramos santos y sin culpa ante su faz en el amor. Y eso antes que arrojara la materia que vemos en su constitución macro y micro física de las cuales formamos parte.
¿Por qué así? ¿Cómo? Nos predestino adoptándonos como hijos en Cristo mismo según la EYDOKÍA DE SU QUERER. Porque así le pareció bueno y glorioso. Porque nos hizo para la alabanza de la gloria de su gracia con la cual nos agració en el amado hijo. Nos agració, nos hizo dignos de sr incluídos en Él. Claro por el ESPÍRITU.
Y EL Hijo Amado redimió por su sangre, el perdón de los pecados según la riqueza de su gracia. La gracia no es un favor dado meramente desde arriba sino según la impensable riqueza de su amor ya que es dada desde su humanidad crucificada. De este modo nos hizo abundar en sabiduría y prudencia. Nos comunicó así el misterio de su voluntad según su EYDOKIA que se propuso en él. Nada quedó oculto en Dios: se entregó enteramente de una manera que nos se puede encarecer.
Y la consecuencia es: la economía de la plenitud de los tiempos es instaurar toda plenitud en Cristo, tierra y cielo.
Y la consecuencia es: somos herederos por la buena voluntad de quien siempre obra así en su eternidad medido por su propia bondad infinita. Su voluntad es que seamos alabanza de la gloria, los que lo esperaban y los que ahora lo tienen, habiendo escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de la salvación en el cual habiendo creído son sellados por el Espíritu de la promesa. Tal es la seguridad de la herencia hasta la redención de la posesión perseguida para la alabanza de su gloria.
Se advierte lo espeso de esta catequesis, que en nada se corresponde con las expresiones representativas justificadas así: “para que las entienda la gente”. De esta manera hacen su día los pensadores que no pudiendo o queriendo pensar en lo dicho aquí lo sustituyen por moralinas edificantes de su propia factura y adaptadas a la letanía de lo actual.
Lo actual es no pensar lo dicho que se introduce entre el alma y el espíritu como una espada de dos filos. Ella opera, la palabra de la verdad de la buena nueva dada en la plenitud de los tiempos, antes escondida y ahora manifestada ¿a quien? ¿a los teólogos? No sino a los pequeños es decir a los santos que comparten esta EYDOKÍA. Es decir a las personas elegidas antes de la fundación del cosmos en Él.
Para poseerla hay que entrar en la disposición de la HUMILITAS, que será parte de la más pequeña de las virtudes morales: LA TEMPERANCIA

miércoles, 6 de marzo de 2013

LA IRA DEL SANTO

Se nos reprocha que no podemos ser santos si nos enojamos. Pero la ira en cuanto pasión no es buena ni malal y no desmerece ni merece. En cuanto regulada por la razón  puede ser meritoria y ser laudable y en cuanto no puede ser un demérito y es vituperable. Aristóteles decía: Quien se encoleriza puede ser digno de alabanza o de vituperio".
Hemos dicho que hay ira por celo de la verdad. Pero si trata de castigar a quien no lo merece o más de lo que merece o saliéndose del orden como debe proceder o pervirtiendo por el que debe hacerse que es la conservación de la justicia y corrección de la culpa ese apetito es vicioso y se denomina ira por vicio.
También esta el modo como el movimiento racional debe imponerse en la ira:no debe inflamarse demasiado aunque se trate de justa justicia.
Es imposible que no se dispare la ira y que la razón la prevenga en todo momento pero la predominancia de la ira va contra la naturaleza humana.
Y por ello es pecado mortal cuando se desea una venganza injusta contrariando la justicia y la caridad. Pero puede ser venial so ocurre antes de la reflexión el acto de ira o es insignificante la venganza. Hay ataques de ira que terminan en blasfemias contra Dios e injurias contra el prójimo que terminan en mortales. Se hace mortal cuando se opone a la caridad.
¡Que precisión y bondad se desprenden de este artículo (22q158a4) de la Suma del AQUINATE! Y pensar que monjes de su orden dirigieron la Inquisición. Nosotros hablamos de razón mundanal y natural. Siempre la razón conceptual ha sido invertida en las otras dos rationes, en las tres épocas. Por ejemplo el Kempis es razón mundanal, está Jacobi frente a Hegel etc etc. No todo lo cristiano es lo mismo. San ANSELMO por ej es razón mundanal y ¡así lo desautoriza Tomás en la cuestión dos de la primera parte en las pruebas de la existencia. Esta maravilla de la Logotetónica puede ser consultada en el último Boeder ya todo reducido a las fórmulas de cómo se producen estas inversiones de ACB a BCA y antes que aparezca la razón conceptual ya la razón natural y mundanal existen invertidas y diversas.  

martes, 5 de marzo de 2013

APRENDED DE MI QUE SOY MANSO

Parecen clemencia y mansedumbre las virtudes más nobles, alabadas por los sabios y filósofos pero se agregan a otra virtud principal. Sin embargo no hay dificultad que bajo cierto aspecto se consideren así pero no en forma absoluta pues solamente reprimen el mal disminuyendo la ira o el castigo ya que es más perfecto conseguir el el bien que impedir el mal como lo hacen la fe, la esperanza y caridad e incluso la justicia y la prudencia.
La mansedumbre hace al hombre más dueño de sí despejando la ruina que causa la ira pero la templanza refrena movimientos más torpes y frecuentes. La clemencia se acerca a la caridad por la disminución de la pena merecida. La clemencia y mansedumbre hacen grato al hombre a Dios en cuanto que concurren al mismo efecto con la caridad, virtud excelentísima que procurando su bien evita el mal del prójimo.
Los pecados opuestos a la mansedumbre y a la clemencia.
La ira no es culpable con causa justa. Así la justicia reprime los crímenes. Este tipo de venganza es buena. Así mientras la ira se mantenga en el orden de la razón recta es buena. La pasión de la ira como toda pasión pierde su bondad por exceso o defecto. Para los estoicos siempre es mala pero para los peripatéticos y para Agustín no si son ordenadas por la razón.
 Cuando la ira es sierva de la razón dice San Gregorio no daña pero no a la inversa. La ira por celo turba la visión intelectual pero la viciosa la ciega.
También es laudable la venganza que no desea el mal sino que busca corregir los vicios y conservar la justicia. En ello se basa el impartir justicia conforme al dictamen de la recta razón que procede de Dios como afirma Pablo a los Romanos, 13,4. San Gregorio aporta todavía a esto lo siguiente: "Tanto más firmemente se levanta la razón contra los vicios cuanto la ira está más al servicio de la razón":
Sí, debemos odiar los vicios y ejecutar acciones repelentes contra ellos ya que amamos el orden y la paz para nosotros y para los prójimos. Pero dentro del orden del conjunto de la virtudes y con mansedumbre y clemencia. Pues la ira es pecado.
¡Cuantos pecados surgieron en la represión de los pecados de parte de los jueces eclesiásticos que sin embargo por lo menos tenían la posibilidad de beber sabiduría de las Morales de San Gregorio, que entiendo que fue papa! Cuantas manchas le dieron a la Iglesia haciendo perder eficacia salvadora a la Iglesia por un celo iracundo. Tan fácil era hacer lo que nosotros que amamos lo que leímos con la mansedumbre que se recomienda en los libros sapienciales y en los evangelios.
No sino rebelarse en todas las épocas contra la suavidad de la inteligencia de los doctores aduciendo razones de estado o de cultura. 

domingo, 3 de marzo de 2013

EL FRENO O TEMPERANCIA EN LA IRA O CASTIGOS

Otra parte potencial es la clemencia y mansedumbre y se trata luego de sus vicios opuestos. Porque hemos de tener en cuenta que los pecados no son...sino en el hueco que dejan las virtudes y sus partes.
Séneca dice (¡el de la corte de Nerón!): clemencia es suavidad del superior respecto del inferior" en cambio la mansedumbre no guarda relación de superioridad sino de horizontalidad. Difieren porque la clemencia modera la pena exterior mientras que la mansedumbre  disminuye la pasión de la ira. Una es para las acciones la otra para las pasiones.
Y si antes citaba a Séneca ahora lo hace con Cicerón: el ánimo excitado por el odio para castigar con exceso se calma por la clemencia y busca disminuir la pena. Lo contrario es la crueldad así como de la mansedumbre es la iracundia. Y ambas  sujetan el apetito a la razón luego son virtudes. Este freno que ponen a la ira o al castigo las hace partes de la templanza que consiste en frenar las pasiones del gusto y las concupiscibles, omnipresentes en los hombres naturales que deben hacerse espirituales.  

sábado, 2 de marzo de 2013

A DIOS POR DIOS Y EN DIOS


La virtud y el vicio dan al sujeto en que radican disposiciones diferentes. Así lo hacen la templanza y su contrario en cuanto ponen el orden de la razón en la fuerza concupiscible o no. En cambio la continencia resiste simplemente y su sujeto reside en la facultad electiva que es la voluntad que es como término medio entre la razón y el apetito concupiscible y puede ser movida por ambos.
En el continente se mueve por la razón,  el incontinente por el apetito concupiscible. Ambas pertenecen a la voluntad como a su sujeto que resiste o no a las pasiones. En cambio la temperancia es según la razón y el apetito sensitivo está sujeto a ella domándolo. Porque la continencia apenas lo resiste como un domador al potro todavía indómito.
La causa directa de la incontinencia es el alma que no resiste a las pasiones. Y esto sucede cuando el alma cede al impulso pasional antes de escuchar el juicio de la razón y esto origina una incontinencia desenfrenada. En el segundo caso es por debilidad de la razón. Hay aquí una negligencia del espíritu en resistir con firmeza. Y se considera a la mujer más débil en todo este aspecto. Se ve que Eva está ante la mira…sin María que enaltece a la mujer.
La incontinencia se enumera como pecado en la epístola a Timoteo junto a los calumniadores e inhumanos. Si no se nombrara allí poco podríamos contra los que postulan la liberación. Sin embargo el incontinente que se aparta de la regla de la razón y luego se sumerge en torpes deleites hoy no llama la atención ya que la razón ha sido subordinada a la “vida”. Pero Aristóteles que no ha vivido el clericalismo europeo dice que la incontinencia es vituperable  porque se aleja de la razón sino por derivar en concupiscencias depravadas. Esto lo dice en Atenas democrática antes de la desmedida Roma. El no conservar la moderación debida en otras materias es considerado pecado.
En todo esto se subraya el juicio de la razón ¡Cuánto se ha apartado la modernidad de esto!
Es por esto que es mucho peor pecar por intemperancia que  por incontinencia, porque la pasión acomete y desaparece en cambio el hábito vicioso se goza porque ese acto ya le resulta connatural por adquirido. En un caso se compara a una fiebre en el otro a algo crónico. El intemperante pierde la recta estimación del fin último, que es como el primer principio en el orden especulativo y es difícil reducir al recto sentido a quien se ha extraviado respecto del primer principio especulativo o del fin último. Es arduo luchar contra el hábito malo porque aunque el deseo sea débil se inclina al mal, en cambio el incontinente es arrastrado por fuerte marejada sensible.
El movimiento de la concupiscencia es totalmente sensible y no es modo alguno racional como el de la ira. El primero es más continuo pero menos peligroso para el prójimo pero en sí mismo degrada más por ser repelente a la razón.
Como se ve el murmullo de los deseos tratado en la submodernidad no era desconocido al Filósofo a quien apela aquí Santo Tomás y el punto está en la razón recta o bien en la revolución de la sensibilidad fuera de sus cadenas.
Suum quique: a cada esfera lo suyo. Que se elija y se deje la gracia por parte de quien no la necesita para contenerse y no quiere ver el espectáculo ni de la razón ni, más allá de la fe.
Nosotros optamos por lo bello aunque sea difícil ya como Platón pero por cierto queremos llegar a Dios poseyendo a Dios.