sábado, 2 de marzo de 2013

A DIOS POR DIOS Y EN DIOS


La virtud y el vicio dan al sujeto en que radican disposiciones diferentes. Así lo hacen la templanza y su contrario en cuanto ponen el orden de la razón en la fuerza concupiscible o no. En cambio la continencia resiste simplemente y su sujeto reside en la facultad electiva que es la voluntad que es como término medio entre la razón y el apetito concupiscible y puede ser movida por ambos.
En el continente se mueve por la razón,  el incontinente por el apetito concupiscible. Ambas pertenecen a la voluntad como a su sujeto que resiste o no a las pasiones. En cambio la temperancia es según la razón y el apetito sensitivo está sujeto a ella domándolo. Porque la continencia apenas lo resiste como un domador al potro todavía indómito.
La causa directa de la incontinencia es el alma que no resiste a las pasiones. Y esto sucede cuando el alma cede al impulso pasional antes de escuchar el juicio de la razón y esto origina una incontinencia desenfrenada. En el segundo caso es por debilidad de la razón. Hay aquí una negligencia del espíritu en resistir con firmeza. Y se considera a la mujer más débil en todo este aspecto. Se ve que Eva está ante la mira…sin María que enaltece a la mujer.
La incontinencia se enumera como pecado en la epístola a Timoteo junto a los calumniadores e inhumanos. Si no se nombrara allí poco podríamos contra los que postulan la liberación. Sin embargo el incontinente que se aparta de la regla de la razón y luego se sumerge en torpes deleites hoy no llama la atención ya que la razón ha sido subordinada a la “vida”. Pero Aristóteles que no ha vivido el clericalismo europeo dice que la incontinencia es vituperable  porque se aleja de la razón sino por derivar en concupiscencias depravadas. Esto lo dice en Atenas democrática antes de la desmedida Roma. El no conservar la moderación debida en otras materias es considerado pecado.
En todo esto se subraya el juicio de la razón ¡Cuánto se ha apartado la modernidad de esto!
Es por esto que es mucho peor pecar por intemperancia que  por incontinencia, porque la pasión acomete y desaparece en cambio el hábito vicioso se goza porque ese acto ya le resulta connatural por adquirido. En un caso se compara a una fiebre en el otro a algo crónico. El intemperante pierde la recta estimación del fin último, que es como el primer principio en el orden especulativo y es difícil reducir al recto sentido a quien se ha extraviado respecto del primer principio especulativo o del fin último. Es arduo luchar contra el hábito malo porque aunque el deseo sea débil se inclina al mal, en cambio el incontinente es arrastrado por fuerte marejada sensible.
El movimiento de la concupiscencia es totalmente sensible y no es modo alguno racional como el de la ira. El primero es más continuo pero menos peligroso para el prójimo pero en sí mismo degrada más por ser repelente a la razón.
Como se ve el murmullo de los deseos tratado en la submodernidad no era desconocido al Filósofo a quien apela aquí Santo Tomás y el punto está en la razón recta o bien en la revolución de la sensibilidad fuera de sus cadenas.
Suum quique: a cada esfera lo suyo. Que se elija y se deje la gracia por parte de quien no la necesita para contenerse y no quiere ver el espectáculo ni de la razón ni, más allá de la fe.
Nosotros optamos por lo bello aunque sea difícil ya como Platón pero por cierto queremos llegar a Dios poseyendo a Dios.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario