sábado, 28 de mayo de 2011

EL SUJETO DE LA CARIDAD

El objeto del apetito sensitivo es el bien captado por el sentido y el objeto del apetito intelectivo o voluntad es el bien bajo la razón común de bien, aprehendido por el intelecto ¡Cuánto trabajo dio esto a los primeros filósofos y todavía no entró en la educación como prioridad! El hombre intelectual de hoy en cambio se dedica a destruirlo. Pero los hombres necesitan saber esta distinción y luchar consigo mismos para apetecer lo bueno, el bien común que han visto por la inteligencia y al cual deben alcanzarlo por la virtud.
Ahora, en la plenitud de los tiempos hay otra dimensión: conocer y alcanzar el bien divino con el apetito de la voluntad. Y esto es obra de la caridad como virtud sobreañadida a la voluntad humana y aún creatural. Porque es una ciencia supereminente la de la caridad de Cristo, como dice el Apóstol, la cual tiene afinidad con la voluntad racional pero que está sobre ella cuando debe tender a un fin supra trascendente.
Por lo tanto se derrama en los corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado y se nos infunde por gracia de LA PERSONA DIVINA QUE ES EL AMOR DEL PADRE Y DEL HIJO. Tal es la comunicación de la bienaventuranza eterna en la cual se funda la amistad del hombre con Dios.
El caso es que que por nuestra coaptación a las cosas sensibles no podamos amar lo que es más digno de ser amado como objeto cierto de la felicidad, luego necesitamos que la caridad para amarlo se infunda en nuestros corazones. Para este acto gratuito de Dios debemos disponernos con las otras virtudes.
No somos nosotros por naturaleza los que amamos sino EL ESPÍRITU que sopla donde quiere obra en nosotros como dicen Juan y Pablo. Y reparte la gracia "según la medida de la donación de Cristo". Aún la disposición que ponemos de nuestra parte es una moción del Espíritu (pensar en las palabras de la todas las generaciones llamarán feliz), que nos hace dignos de la parte de la herencia de los santos en la luz como se dice en Col.1,12. Esto es gracia que es incoación de la gloria.
¿Y qué si hemos recibido la gracia para ser santos? ¿La dejaremos porque la ciencia comenzó descubriendo que la tierra se movía? ¿O ya entonces habíamos olvidado la cuestión 24, artículo 4 de la segunda parte de la segunda parte de la ciencia tomásica?

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