El fin de la caridad es uno: la divina bondad y es una su comunicación, la bienaventuranza eterna sobre la cual se basa la amistad. Dios es el objeto principal de la caridad y el prójimo se ama desde la caridad por causa de Dios.
Por eso es la excelente entre las virtudes, hyperbólica, como dice Pablo en 1 Cor.13. Tan excelente cuanto “ALCANZA AL MISMO DIOS PARA REMANSARSE EN ÉL” Es la más digna porque lo alcanza a Dios por sí mismo y se ajusta a Él siendo la suprema regla como lo es para la fe y la esperanza y no meramente a la razón como las virtudes morales que tiene en Dios su medida ¡LA CARITAS ES LA MEDIDA DE LA MEDIDA! La fe y la esperanza son instrumento para lo que alcanza la caridad: morar, habitar en Él. La caridad ya está unida a su objeto que es el mismo Dios: por eso tiene la perfección de la paz. Existe en ella el fin y la consumación.
Y por más que diéremos todo a los pobres y entregáramos nuestro cuerpo a las llamas si no tuviéremos caridad nada seríamos, es decir si lo hiciéramos no por el fin último o por el bien principal que es Dios, por el cual se dice bueno todo fin. Pues hay bienes particulares que si no estuvieren ordenados al bien principal serían malos si nos apartaran de él. El bien principal es gozar de Dios (FRUITIO DEI) según el salmo 72 y este es el objeto de la caridad. Y la virtud es, según Aristóteles, la disposición al bien óptimo que es el objeto de la caridad por lo tanto ninguna virtud verdadera lo es sin la caridad. Hay virtud sobre el bien particular que si no es verdadero sino aparente es malo como ocurrió en quien eligió su propio bien ante el ofrecimiento de la FRUITIO DEI y se dedicó desde ese instante en presentar los bienes aparentes o disfrazados de verdad los cuales pueden ser bienes (como es el caso de ocuparse de los pobres o amar a los demás) pero rechazando o bien olvidando el ofrecimiento del bien de los bienes.
Un tema fundamental: dar la espalda a la FRUICIÓN DE DIOS QUE NOS AMA Y RECHAZAR LA ALABANZA DE LA GLORIA DE SU GRACIA CON LA CUAL NOS AGRACIÓ EN EL AMOR. Darle la espalda y burlarse así creaturalmente de la santidad. Según algunos modernos que amaron la santidad (Tolstoi, Gandhi) así nos fue.
En nuestra historia tanto se perdió cuando se borró el fin último que es forma de las formas o fin de los fines, pues del querer del fin último se concibe el acto de las otras virtudes. Sin virtudes no hay santidad como sin ejercicio no hay fuerza.
Uno se va resbalando de apariencia en apariencia, de lo semejante a lo verdadero, a lo menos semejante, apoyándose en valores (como la libertad sacada del contexto donde es principio del estado república) hasta llegar a la burla de la santidad que da el gozo de Dios en la caridad ¡No es igual a la solidaridad! Es el ser de Dios en nosotros: su Persona.
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