viernes, 16 de septiembre de 2011

NO PUEDE HABER MÁS DE TRES PERSONAS

Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo. Y el cielo es lo que pedimos en el padrenuestro y las personas son las que vienen a hacer morada en quien ama al Verbo, al Hijo hecho hombre y conserva celosamente su palabra o tiene su expectativa en ella, aguardándola en la noche de la fe (TÉRESIS).
Y las personas se corresponden con las relaciones subsistentes, realmente distintas entre sí. Las relaciones son cuatro: paternidad y filiación que pertenecen a dos personas distintas, la persona del Padre y la persona del Hijo. La de espiración común pertenece a estas dos personas que espiran la persona del Espíritu Santo quien, a su vez, procede hacia ambos: la fuerza unitiva del ESPÍRITU. Son, luego,las relaciones las de paternidad, filiación, espiración común y procesión, no encontrándose una palabra propia para esta última relación. Porque habíamos dicho que en Dios había dos procesiones y una sola operación "secundum rem". Porque el número no se aplica como cantidad porque una misma es la magnitud de las divinas personas. Se numera en lo que se denomina multitud trascendente que va a ser la trinidad de personas que son cada una de ellas indivisa en una esencia indivisa. Cada una de las tres personas divinas tienen esto en común: el subsisitir en la naturaleza divina siendo distintas.
Así en Dios hay unidad y hay cierta pluralidad que la salvaguarda. Hay que tener en cuenta que es el Dios vivo y el Dios de vivos, no una abstracción útil a la sociedad.Y la pluralidad es un número determinado de personas con una sola esencia. Un número de personas relacionadas entre sí que están en la unidad como los supuestos de una naturaleza cualquiera está en ella. Las tres poseen la misma naturaleza por el mismo título de la deidad pero se distinguen por las relaciones. Allí la numeración se aplica a la trinidad sin introducir número en la unidad de esencia como si esta fuera tres veces: son las personas las numeradas en el orden de las procesiones y relaciones, las tres son una en esencia.
Pues una es la esencia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, en la cual no es otro (aliud) el Padre, otro (aliud)el Hijo y otro (aliud...pronombre neutro) el Espíritu Santo, aunque personalmente uno(alius,pronombre masculino)sea el Padre, otro (alius) el Hijo y otro (alius)el Espíritu Santo. Aquí se ve la distinción no de la esencia sino la de los supuesto o personas. Ellos son una sola cosa (qué son) pero no uno (quienes son). Así lo conocemos por revelación: tal fue el misterio escondido y revelado a los pequeños. A los obedientes a la fe se les revela (y aún hacen experiencia de la cercanía de las personas: "intimius" dice Agustín) y a los que no quieren recibirla se les muestra que en esto nada hay de imposible. Estas razones son congruentes pero no demostrativas. Así se llena la mente de luz y recibe las palabras de la Escritura como una verdad única y luminosa: desde la creación hecha por el amor de la Palabra y no por necesidad. Luz de luz, porque dijo y se hizo la luz...en la plenitud de los tiempos nos llenó de gracia...en la fe, mérito del pequeño, santidad del niño, habitador del reino de los cielos.
¡Cuántos grandes han reflejado el reino de los niños, los crédulos y puros, como esencia de la humanidad en la literatura! Empecemos por la novela de las novelas: el Quijote.

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